cuerpo sano en equilibrio

No sé quién dijo por primera vez aquello de “mens sana in corpore sano”, pero qué razón tenía. Nuestro cuerpo siempre se encuentra en el momento presente y nos habla constantemente, por mucho que lo ignoremos.

Esa contractura en el cuello, esas palpitaciones mañaneras cada vez que llega el lunes o ese dolor de tripa en plena mudanza no son casualidades, nos quieren decir algo. Atender a este lenguaje debería suponer un primer ejercicio de interiorización si nuestro objetivo es alcanzar un equilibrio entre cuerpo, mente y emociones. Algo que todos buscamos y que es la base del Mindfulness.

En el caso de los niños, ¿es similar? Por supuesto. Tan solo necesitan un tiempo de aprendizaje. Dice Eline Snel, la reconocida autora del libro “Tranquilos y atentos como una rana”, que “cuando enseñas a los niños a escuchar las señales de su cuerpo, aprenden ya a temprana edad que no solo debe obedecer las órdenes que le damos, sino que también nos envía señales que podemos reconocer. Que el cansancio o la energía se pueden sentir. Que sentir dolor es un signo que indica que ya es suficiente. Aprenden que ya no necesitan pensar en lo que sienten, que basta con sentirlo, reconocerlo y prestarle atención. Después puedes elegir: ¿qué hago con lo que siento?”.

Es muy habitual que, después de un día intenso, los críos lleguen híper estimulados a la cama y no consigan conciliar el sueño. “¿Cómo es posible?”, pensamos. “Si tiene que estar muert@ de cansancio”. Estas tensiones suelen tener como telón de fondo conflictos internos a los que no saben dar salida, reacciones físicas ante situaciones que ellos sienten como amenazas, o a emociones que todavía no saben gestionar. Que sean capaces de encontrar el punto de relajación está en nuestra mano.

A través del Mindfulness, fomentamos la consciencia corporal en la infancia y podemos llegar a la edad adulta comprendiendo nuestras necesidades físicas, conociendo nuestros límites y cargando con menos tensiones.

 

Escáner corporal

Hay algunos ejercicios muy sencillos que podemos ir introduciendo en nuestro día a día para que nuestros hijos experimenten ese diálogo con su propio cuerpo:

  • Cuando son muy pequeños, resulta importante enfocar sus sentidos hacia el exterior, a través de prácticas de observación -por ejemplo, mirar una escena, cerrar los ojos y comprobar qué recuerdan- o de atención -comer una fruta poniendo en ello los cinco sentidos-.
  • Los ejercicios de relajación consciente, como el “test del espagueti”, les encantan. Consiste en comparar la tensión del espagueti crudo con la distensión del espagueti cuando está cocido, contrayendo, apretando, soltando y relajando diferentes partes de su cuerpo.
  • El escáner corporal, que ya mencioné en algún post anterior. Sentados con una postura cómoda y la espalda erguida, les pedimos cerrar los ojos, prestar atención a la respiración e iniciar una especie de excursión por su cuerpo. Podemos comenzar por la cara, ojos, punta de la nariz, labios… e ir bajando. Se trata de invitarles a que coloquen sus manos en las distintas partes del cuerpo para tomar consciencia de sus sensaciones. Lo tenéis disponible en mi canal de Ivoox.

 

 

Una forma intuitiva y estimulante para que aprendan a reconocer el sosiego, la calma y el equilibrio, frente a la inquietud, el estrés o el dolor. ¿Probamos juntos?

 

2 comentarios en “Cuerpecillos sanos y en equilibrio

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